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Autismo grado 3

La propuesta del DSM-5 respecto al TEA presenta aspectos positivos y negativos. En lo positivo destaca que está basada en una concepción dimensional de los trastornos, reconociéndose así la dificultad para establecer límites claros entre tipos de trastornos, y en la revisión de estudios empíricos (Rutter, 2011; Wing et al., 2011). Los aspectos más negativos tienen que ver, sobre todo, con las consecuencias que el cambio de criterios puede implicar para las personas con el trastorno. Con el cambio realizado, se ha aumentado la especificidad del criterio referido al patrón de conductas repetitivas y estereotipadas, aumentándose también la severidad que se requiere para realizar el diagnóstico en relación con este aspecto. Así, han de darse al menos dos de las manifestaciones presentes en el DMS 5 en relación con este criterio (criterio B). Esto hace que aquellas personas que presenten alteraciones en uno solo de los puntos (y, por tanto, que presenten menor severidad al respecto) pudieran no recibir el diagnóstico de TEA. Este podría ser el caso de algunas personas con síndrome de Asperger que presenten menor severidad en esta área; también el de niños pequeños, quienes, de forma temprana, no suelen manifestar conductas restringidas y estereotipadas al nivel de severidad que se requiere en el DSM-5. No recibir el diagnóstico conllevaría, entre otras cuestiones, dificultades para acceder a los recursos y apoyos que estas personas necesitarían. Por otro lado, si bien se considera positivo el que haya que contemplar el nivel de severidad a la hora de realizar el diagnóstico, las consignas al respecto no resultan suficientes ni claras, resultando muy difícil realizar una diferenciación entre el nivel de severidad de las dimensiones alteradas y su efecto en el funcionamiento del individuo (Palomo, Arnáiz, Zamora, Márquez, y García, 2014).

La variabilidad común al TEA se observa también en el funcionamiento cognitivo de las personas con el trastorno. No obstante, se han descrito una serie de características relativamente prototípicas en relación con el fenotipo cognitivo de las personas con TEA. Dado su interés para la intervención psicoeducativa, describimos tales características en el siguiente apartado de este documento.

En el DSM-5, para completar el diagnóstico, se tienen que especificar ciertos aspectos de la presentación clínica del trastorno. Las especificaciones se refieren a: (1) la severidad del trastorno, que se valorará en tres niveles de gravedad; (2) la presencia o ausencia de discapacidad intelectual; (3) la presencia o ausencia de alteración del lenguaje;(4) la asociación con alguna afección médica o genética, o con algún factor ambiental conocido; (5) la asociación con otro trastorno del neurodesarrollo, mental o del comportamiento; (6) la presencia o ausencia de catatonía.

En el caso del tercer grado del TEA se considera que el paciente necesita ayuda muy notable en los siguientes ámbitos:

Comunicación social

Las deficiencias graves de las aptitudes de comunicación social, verbal y no verbal, causan alteraciones graves del funcionamiento, un inicio muy limitado de interacciones sociales y una respuesta mínima a la apertura social de las otras personas. Por ejemplo, una persona con pocas palabras inteligibles, que raramente inicia una interacción y que, cuando lo hace,

utiliza estrategias inhabituales para cumplir solamente con lo necesario, y que únicamente responde a las aproximaciones sociales muy directas.

Comportamientos restringidos y repetitivos

La inflexibilidad del comportamiento, la extrema dificultad para hacer frente a los cambios y los otros comportamientos restringidos/repetitivos interfieren notablemente con el funcionamiento en todos los ámbitos. Ansiedad intensa/ dificultad para cambiar el foco de la acción.

En el ámbito de la percepción:

  • Anomalías en la respuesta a la estimulación sensorial de distintas modalidades, caracterizada por hipo-responsividad (ej. no respuesta a sonidos, alto umbral al dolor) o hiper-responsividad (dar vueltas, aleteo de manos, etc.) a los estímulos (ej. al ser tocados, a sonidos fuertes, textura de las comidas), en distintos grados entre la población e incluso variable en un mismo individuo.
  • Conductas de autoestimulación sensoperceptiva: Mirar de manera insistente a estímulos luminosos, movimientos de tipo circular (ventiladores, lavadoras), dejar caer agua o arena de manera repetida entre las manos; mirar de reojo y muy de cerca de objetos o parte de objetos, mover los dedos delante de los ojos.
  • Las anomalías parecen ser más intensas y frecuentes a edades tempranas (3 a 6 años), si bien su presencia no guarda relación con severidad de la sintomatología autista, pero sí con la presencia de más problemas de comportamiento y peor conducta adaptativa.

En el ámbito de la atención:

  • Ausencia de problemas en mantener la atención, especialmente cuando son estímulos simples y estáticos (ej. claves visuales), ni en focalizar la atención en estímulos concretos, pero
  • Déficits en desenganche y cambio atencional, tanto entre estímulos de la misma modalidad como de otras, siendo estos procesos más lentos.
  • Déficits en procesos de control atencional, con dificultades para dirigir la atención hacia estímulos relevantes e ignorar los irrelevantes.

En el ámbito de la memoria:

  • Buena memoria a corto plazo auditiva y visual.
  • Buena memoria de reconocimiento.
  • Buena memoria mecánica.
  • Ausencia de problemas en recuerdo inmediato o a corto plazo de ítems no
  • relacionados semánticamente frente al recuerdo inmediato de ítems relacionados
  • (ej. semánticamente)
  • Empleo menos eficiente o espontáneo de estrategias de recuerdo o recuperación de información basadas en claves semánticas o sintácticas.
  • Se observa un efecto de recencia intacto frente a déficits en efecto de primacía.
  • Datos sobre déficits en memoria de trabajo más controvertidos.
  • En general, más problemas cuando las tareas de memoria requieren operaciones de abstracción, organización y uso de significado.

Funcionamiento intelectual general:

  • Los niveles posibles comprenden todo el rango de CI, desde un nivel de discapacidad intelectual profunda hasta un nivel de rendimiento intelectual superior a la media.
  • En la mayoría de los casos (75%), el CI es menor a 70 (autismo de bajo funcionamiento).
  • Las chicas con autismo suelen presentar niveles más bajos que los chicos, siendo muy escasos los casos de chicas de alto nivel.
  • En algunos casos de personas con CI dentro del rango de la discapacidad intelectual se da una presencia de habilidades especiales (cálculo en matemáticos, música, arte, habilidades mecánicas, cálculo de fechas, conocimiento geográfico, recuerdo de palabras, deletreo, pronunciación), sin que se haga un empleo funcional de ellas o se observe un beneficio de ellas en otras facetas o dominios cognitivos y sociales.
  • CI en edad preescolar es el mejor predictor de pronóstico (correlaciona con nivel de funcionamiento posterior).
  • Procesamiento visual y visoespacial presenta un funcionamiento bastante adecuado, siendo un punto fuerte de habilidad frente al procesamiento verbal.
  • En tests de inteligencia: bajas puntuaciones en pruebas de razonamiento verbal, abstracto, integración y secuenciación de información frente a buen rendimiento en tareas de procesamiento visuo-espacial, atención a detalles, habilidades de memoria mecánica.