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Autismo grado 2

Esta alteración del Espectro Autista suele aparecer después de los dos primeros años de vida, aunque en muchos casos los síntomas comienzan a manifestarse desde antes. En uno u otro caso, estos niños presentan dificultades notables en la comunicación social, verbal y no verbal, tienen problemas para iniciar las interacciones sociales, a la vez que suelen responder de manera “extraña” a la interacción y desarrollan un lenguaje muy limitado.

Por lo general, presentan conductas repetitivas que incluyen estereotipias motoras y manierismos, a la vez que se aíslan del mundo que los rodea. También les resulta difícil enfrentar los cambios y poseen un sistema de actividades e intereses muy reducido que interfieren con su desenvolvimiento en diferentes contextos. Es usual que manifiesten cierta ansiedad y resistencia cuando deben cambiar el foco de su atención. Si reciben ayuda pueden hacer algunas tareas cotidianas de manera independiente.

Los Trastornos Generalizados del Desarrollo propuestos por el DSM-IV-TR, es la clasificación que más se ha usado en nuestro país con anterioridad a la actual del DSM 5. Los trastornos que se incluyen en esa categoría diagnóstica se caracterizan por presentar alteraciones en varias áreas de desarrollo: alteración cualitativa de las interacciones sociales, de la comunicación y del lenguaje, y comportamientos ritualizados y estereotipados.

La mayoría de estos trastornos suelen asociarse a algún grado de discapacidad intelectual, pero las alteraciones que presentan las personas con este tipo de trastornos no se explican por su nivel de desarrollo cognitivo. Son trastornos que aparecen durante los primeros años y persisten a lo largo de toda la vida, aunque las manifestaciones concretas de las alteraciones puedan variar de una etapa evolutiva a otra.

Los criterios propuestos por el DSM-IV-TR incluyen las alteraciones específicas que tiene que manifestar una persona para poder ser diagnosticada con este tipo de trastorno. Esos criterios recogen los aspectos fundamentales de la descripción del síndrome que hizo Leo Kanner en 1943, y que presentábamos anteriormente.

El trastorno autista puede asociarse con otros tipos de trastornos o discapacidades (discapacidad intelectual, discapacidades sensoriales, hiperatividad, síndrome de X Frágil, trastornos neurológicos, etc.). Aunque hay que tener claro que los síntomas que definen al autismo no se pueden explicar por la coexistencia de esas otras alteraciones y que su presencia no implica el desarrollo de autismo. Otro dato de interés es que la incidencia es mayor en los niños que en las niñas, aproximadamente en una proporción de 4 a 1, pero, aunque hay menos niñas con trastorno autista, éstas están más gravemente afectadas.

Además del trastorno autista, el DSM-IV, incluía el Trastorno de Asperger, el Trastorno de Rett, el Trastorno Desintegrativo Infantil y el Trastorno Generalizado del Desarrollo No Especificado. Con la publicación del SM 5

La macrocategoría de Trastornos de inicio en la infancia, la niñez o la adolescencia que incluía entre otros trastornos a los TGDs, al TDAH, etc., cambia de nombre y pasa a denominarse Trastornos del neurodesarrollo.

Los trastornos del neurodesarrollo son un grupo de afecciones con inicio en el periodo de desarrollo. Los trastornos se manifiestan normalmente de manera precoz en el desarrollo, a menudo antes de que el niño empiece la escuela primaria, y se caracterizan por un déficit del desarrollo que produce deficiencias del funcionamiento personal, social, académico u ocupacional. El rango de los déficits de desarrollo varía desde limitaciones muy específicas del aprendizaje o del control de las funciones ejecutivas hasta deficiencias globales de las habilidades sociales o de la inteligencia. Los trastornos del neurodesarrollo concurren frecuentemente.

Además, con el DSM 5, se pasa de la concepción categorial de los TGDs del DSM-IV a la concepción dimensional que subyace a la propuesta del DSM-5, al proponer el Trastorno del Espectro de Autismo como sustitución de los TGDs. Ese cambio recoge, en parte, una realidad ya planteada por terapeutas e investigadores: la enorme dificultad para diferenciar unos TGDs de otros, pues muchas veces es complicado diferenciar un Trastorno de Asperger de un Trastorno Autista con alto nivel de funcionamiento cognitivo; un Trastorno Autista que cursa con discapacidad intelectual de la discapacidad intelectual severa, un Trastorno Autista de un Trastorno Desintegrativo que se manifiesta tempranamente; o cualquiera de ellos de un TGD No Especificado. En el DSM-5 ya no serán considerados como trastornos independientes, sino que todos, excepto el Trastorno de Rett -que queda excluido del DSM 5 al conocerse su etiología son considerados como manifestaciones posibles de un único trastorno denominado Trastorno del Espectro de Autismo, desapareciendo así la actual categoría de TGDs.

En ese sentido, a todas aquellas personas diagnosticadas de Trastorno Autista, Trastorno de Asperger, Trastorno Deseintegrativo y TGD No Especificado se les aplicará ahora la etiqueta diagnóstica de Trastorno del Espectro Autista. En conjunto, esta nueva propuesta recoge la dificultad que existe para establecer límites precisos entre los distintos trastornos, incorpora la noción de espectro y la introduce en la denominación diagnóstica.

Para el caso del segundo grado dentro del Trastorno del Espectro Autista se determina, dentro del epígrafe necesita ayuda notable en las siguientes áreas:

Comunicación social

“Deficiencias notables de las aptitudes de comunicación social, verbal y no verbal; problemas sociales obvios incluso con ayuda in situ; inicio limitado de interacciones sociales, y respuestas reducidas o anormales a la apertura social de otras personas. Por ejemplo, una persona que emite frases sencillas, cuya interacción se limita a intereses especiales muy concretos y que tiene una comunicación verbal muy excéntrica.”

Comportamientos restringidos y repetitivos

“La inflexibilidad del comportamiento, la dificultad para hacer frente a los cambios y otros comportamientos restringidos / repetitivos resultan con frecuencia evidentes para el observador casual e interfieren en el funcionamiento en diversos contextos. Ansiedad y/o dificultad para cambiar el foco de la acción.”